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Desmontando las leyendas urbanas de Mazinger Z

Publicado el 9 septiembre 2012 en Cómic Manga Noticias Noticias Breves

“Sigo emocionándome si veo la cabecera de la serie y un enorme Mazinger ocupa un lugar privilegiado en mi estudio”, admite a Efe Paco Roca, Premio Nacional de Cómic 2008, uno de esos niños que, ajenos a la polémica de los adultos, descubrieron a este robot rompedor ya cuarentón y rodeado de “leyendas urbanas“.

De la imaginación del dibujante japonés Go Nagai, Mazinger Z nació hace 40 años, en 1972, primero en forma de cómic y pocos meses después como serie de anime, cosechando un gran éxito que se fue extendiendo a otros países, entre ellos España, donde TVE estrenó el 4 de marzo de 1978 el primer capítulo de los 27 que emitió los sábados a las 15.00 horas.

El éxito de Mazinger Z radicó en su carácter innovador, porque fue el primer robot pilotado por una persona, el joven Koji Kabuto, una especie de moderno samurai, un guerrero noble dispuesto a luchar por la paz hasta el final, recuerda J. Aurelio Sanz-Arranz en “Mazinger Z: la enciclopedia“, un laborioso trabajo de análisis y documentación editado por Dolmen en dos volúmenes.

Se calcula que la serie tenía una audiencia de cinco millones de espectadores, convirtiéndose en un icono de la cultura popular, pero con alguna “leyenda urbana” que perdura hasta hoy.

Una de esas “leyendas urbanas” era que Raphael cantaba el tema musical de la emisión en España, aunque en realidad, la adaptación, la letra y la interpretación estaba firmada por Alfredo Garrido, un prolífico músico con éxito en otras serie infantiles como “Marco”, “Pipi Calzaslargas” o “Vickie el Vikingo”.

Otra leyenda desmontada por la enciclopedia de Sanz-Arranz es la famosa frase “pechos fuera“, el grito con el que la protagonista femenina, Sayaka, lanzaba los misiles de su robot, Afrodita-A. En el doblaje original de TVE nunca se pronunció y lo más parecido que se pudo escuchar era “fuego de pecho“.

Y es que, según el autor de la citada enciclopedia, la frase pudo ser víctima de la polémica que sufrió la serie, al ser considerada demasiado violenta para el público infantil.

Las protestas, alentadas por artículos de prensa que veían oscuras intenciones en su contenido, desembocaron en “la censura de algunas partes consideradas escabrosas” y después en la “supresión imprevista (el 16 de septiembre de 1978) cuando aún quedaban varios episodios por emitir”, manifiesta Sanz-Arranz.

Dichos capítulos finalmente vieron la luz en la Navidad de 1979, despidiendo a Mazinger Z de la parrilla hasta la década de los noventa y su emisión en canales privados y autonómicos.

“Si bien es cierto que me llegó a ser previsible la trama repetitiva de todos los capítulos, reconozco que me enfadé muchísimo cuando dejaron de emitirla y en su lugar apareció la serie Orzowei”, recuerda Paco Roca, quien confiesa que, junto a sus hermanos, “la cita ante el televisor era el momento más esperado de la semana”.

El dibujante Íñigo Aguirre, Premio Autor Revelación 2010 en el Salón del Cómic de Madrid, era muy pequeño pero devoraba los capítulos sin ninguna consciencia de dicha violencia, que hoy achaca a una “coartada” para su retirada por algunos de sus personajes como el Barón Ashler, “un villano con dos sexos” o el robot Afrodita-A, “que tenía por pechos dos misiles”.

“Debían tener a los padres alucinados”, comenta a Efe Aguirre, quien reconoce el “cariño” que procesa a la serie: “De hecho, uno de los villanos de Ibéroes (su más reciente creación), el Doctor Contubernio, está inspirado en el Doctor Infierno, archienemigo de Mazinger. ¡Con esto lo digo todo!”.

 

“¡Por amor de Dios!”, exclama el músico Alfredo Garrido para refutar dichas críticas y subrayar el éxito que sigue teniendo la serie entre los más pequeños.

Además, Sanz-Arranz puntualiza: “Los animes de mechas, como éste, son ejemplos perfectos de la filosofía japonesa, tan distinta a la nuestra. La violencia debe ser interpretada bajo sus parámetros culturales”.

Los robots, sostiene, “tampoco son simples máquinas de guerra: cuando entran en acción, se convierten en auténticos protagonistas. Los pilotos se funden con sus máquinas, convirtiéndose en su cerebro y también su corazón: así Mazinger o Afrodita aparecen ‘humanizados'”.

“Pero al final, la polémica pasa, y el público que vio esas series de pequeño se convierte en adulto, y no es peor por haberlas visto. A mí, personalmente, nunca se me ha ocurrido arrancarme un puño y lanzarlo contra alguien cuando discuto…”, sentencia este aficionado y experto.

Fuente: LNE.es

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